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Historia. El escudo colegial

Desde el año 1219 con la fundación de un primer convento de la Orden de Predicadores, están los dominicos presentes en la vida y en la historia de la ciudad de Zaragoza. Este hecho es un exponente de la más antigua tradición de la Orden, cuyo fundador, Domingo de Guzmán (Caleruega, Burgos 1170/Bolonia 1221) “encaminó a sus frailes hacia las escuelas y les envió a las ciudades mayores para que estudiaran, predicaran y fundaran convento" (Constituciones, 76).

 

Una sentencia tradicional  ha tratado de compendiar el signo distintivo de algunas  de las  Órdenes religiosas medievales al tiempo que destacaba algo parecido a  una clave   cifrada que permitiera comprender la característica, tal vez determinante, de cada una de ellas:


“BERNARDUS VALLES,
BEDENICTUS COLLES AMABAT,
FRANCISCUS VICOS,
MAGNAS DOMINICUS URBES”


La historia de la Orden de Predicadores o Dominicos ha estado siempre marcada por el ESTUDIO como elemento básico y fundamental de su existencia y como  exponente máximo de su vocación  particular al servicio de la Iglesia y de la Humanidad. La unión de vida religiosa y estudio, al tiempo que la presencia en las grandes ciudades y en sus centros de estudio, constituyó  una aportación innovadora en la vida eclesiástica del siglo XIII.

 

Se dejaban atrás las grandes abadías y sus bibliotecas para encontrarse directamente con las gentes, las ideas, los escritos recientes y las inquietudes religiosas del momento. Ciencia y fe presentes en los programas de estudio.

 

La Orden de Predicadores se convirtió en una institución de éxito y de excelencia que iba a  ligar su propio destino al de las Universidades y centros superiores de estudio. Contribuyó  con ello y de manera notable al desarrollo de la vida intelectual europea y al de las ciencias sagradas desde su primera época. Ya desde entonces no ha dejado de acudir asiduamente a esta cita  con las ciencias, la  fe y el pensamiento en sus inminentes ocho siglos de historia (2016). Y no sólo mediante libros sino haciendo uso de todas las herramientas que hoy nos brindan las nuevas tecnologías y campos de estudio especializados.

 

El lema de los Dominicos, resumido en la palabra VERITAS, muestra bien a las claras el talante de los miembros de la Orden en su dedicación a la investigación, el estudio, la predicación y la docencia tanto en el campo de las ciencias sagradas como en el de las ciencias en general: “Y tanto más se deben entregar (los frailes) al estudio cuanto que, por la tradición de la Orden, son llamados especialmente a cultivar la inclinación de los hombres a la verdad” (Constituciones, 77,2)

La ciencia, como  el saber más riguroso y exigente, entendida como servicio a la Humanidad y sin ningún tipo de fronteras, marcó la vida de hombres y mujeres tan decisivos en su época como Tomás de Aquino, Alberto Magno, Raimundo de Penyafort, Catalina de Siena, Juan de Lanuza,  Rosa de Lima, Martín de Porres, Juan Macías, Vicente Ferrer, Luis Bertrán, Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Papa Pio V, Yves Mª Congar , Dominique Chenu, Edward Schillebeeckx y el propio Jerónimo Xavierre.

 

Nuestro Colegio Mayor Universitario ostenta hoy en su titularidad el nombre de este último a quien, juntamente con el Obispo Pedro Cerbuna consideramos máximos artífices del establecimiento y de la andadura definitiva de nuestra Universidad zaragozana a partir de 1583.

 

A cargo de Jerónimo Xavierre estuvieron las difíciles negociaciones previas a este último periodo de fundación. Él mismo, como primer catedrático de Teología impartió la primera lectio sollemnis  inaugural un 25 de mayo de aquel ya remoto 1583. Y en esa actividad permaneció durante catorce años. Por iniciativa suya, y bajo la tutela de los Dominicos, nacieron dos Colegios Mayores: el “SAN VICENTE FERRER” para jóvenes dominicos, y el “SAN JERÓNIMO” para jóvenes seglares, ambos en la parte antigua de la ciudad, en el barrio de La Magdalena, cerca de la Universidad vieja. Los años y su excelencia personal le llevaron primero, a ser Maestro General de la Orden, y posteriormente, Confesor del Rey Felipe III y Cardenal de la Iglesia Romana.

En el marco de esta tradición de siglos, la Provincia Dominicana de Aragón, el 29 de Junio de 1943, festividad de los santos Pedro y Pablo, puso la primera piedra del actual edificio de este Colegio Mayor Universitario. Se restauraba así la histórica presencia dominicana en Zaragoza, interrumpida durante más  un siglo (Guerra de la Independencia y Desamortización de Mendizábal), y se abría de nuevo al horizonte universitario, a la actividad docente, a la predicación  y al servicio de toda la sociedad donde su presencia fuese requerida.

A lo largo del año 2016 la Orden de Predicadores celebrará el VIIIº Centenario de su fundación animada a seguir con su  trabajo, festejando su pasado pero urgida por las necesidades cada vez más complejas de la sociedad contemporánea.

Acerca del ESCUDO COLEGIAL merece la pena que nos detengamos en algunos comentarios y explicaciones.

  1. El cuartel superior izquierdo contiene la cruz tradicionalmente de la Orden de Predicadores: alternando el blanco con el negro. Proviene de la familia Guzmán de la que Sto. Domingo ha sido su miembro más destacado. Nuestra versión no ha incluido las terminaciones originales  de cada brazo de la cruz cuyo diseño tradicional era en forma de flor de lis.

  2. El segundo cuartel es susceptible de una doble explicación. La más sencilla consiste en ver de nuevo los colores blanco y negro de forma básica y en el centro la letra  griega “ji”, grafía parecida a la “equis” actual. El latín no tenía grafía para nuestro sonido “J”, lo cual indujo al uso en castellano  de la letra y sonido de la “ji” griega para escribir nombres que contenían el sonido fricativo velar sordo /x/. De hecho hoy debiéramos decir CMU CARDENAL *JAVIERRE. Y lo mismo sucede en palabras como MEXICO, TEXAS, OAXACA. (En principio se pronuncian Méjico, Tejas, Oajaca, dejando a salvo afectaciones locales actuales).
    Otra interpretación para este cuartel es la de percibir unas oscuridades laterales (significativas  de la ignorancia) frente a una montaña blanca en el centro, llena de luz y de agudo diseño, símbolo de lo arduo y difícil que es la escalada de la ciencia que el propio Xavierre tuvo que hacer y de cuyo ejemplo nos nutrimos: su inicial aparece en el centro invitándonos a un reto semejante.

  3. El cuartel izquierdo de la parte baja contiene simplemente una estrella azul. Es símbolo de la vida intelectual, signo distintivo de la Orden de Predicadores. En buena parte de la iconografía de Domingo, se representa al santo con una estrella en la frente. Cabe también añadir que esa estrella reúne a todos los santos, sabios e intelectuales que los Dominicos han aportado de la Humanidad.

  4. El último cuartel recoge un campo de oro con cuatro palos de gules, tan usado por los territorios que compusieron la antigua Corona de Aragón. Los debates actuales acerca de este símbolo o bandera quedan muy al margen de nuestros objetivos colegiales.